
Ya os contamos el mes pasado cómo Arrupe vivió enamorado de Dios. Pero, ¿podemos saber algo más sobre esa relación?, ¿puedo yo también vivir así, enamorado?. Hoy os queremos poner más en contacto con él a través de las cosas que dejó escritas. La primera la escribió en agosto de 1933, cuando tenía 26 años y dice así:”Aquí vengo, Señor, para deciros desde lo más íntimo de mi corazón y con la mayor sinceridad y cariño de que soy capaz, que no hay nada en el mundo que me atraiga, sino Tú solo, Jesús mío (…) para Ti Señor todo mi corazón, todos sus afectos, todos sus cariños, todas sus delicadezas”.
Seis años después, ya desde Japón, y todavía en el primer año de su experiencia misionera, escribía de nuevo: “…Ahora no planeo, pero estoy convencido de que estoy en el puesto que Dios me ha destinado. Le decía que no planeo, y no es verdad. Planeo, pero mis planes son en otra dirección; planeo solamente la confianza en Jesucristo; es decir, planeo solamente un proyecto: el de echarme en las manos de Cristo y que Él me lleve. No veo en concreto cuál sea mi modo de trabajar aquí, ni por ahora lo puedo ver, pero sí siento con una persuasión íntima que el modo de convertir las almas a Cristo es el predicar y, sobre todo el practicar su doctrina llevándola hasta las últimas consecuencias. A mi modo de ver éste es el secreto del éxito de Javier…”
Y éste es, probablemente, también el secreto de Pedro Arrupe.
Quique sj